La pregunta es simple, aunque la respuesta es engañosa.

¿Cuántas veces se lo he preguntado a mis consultantes?

Y… ¿Cuántas veces más me lo he cuestionado yo misma?.

¿Cuánto estás dispuest@ a cambiar?

Lo primero que uno piensa y dice es: “TODOOOO

Pero ni bien se comienza a requerir que se haga algo diferente, las justificaciones aparecen y se disimulan tras válidas razones.

Tanto yo, como ustedes, queremos cambiarlo todo… Y sin embargo, cuando la oportunidad se presenta nos enredamos en razonamientos complejos sobre causa y efecto. Divagamos acerca de las múltiples situaciones tortuosas que podríamos desatar ante determinada modificación del hábito, la conducta o el pensamiento.

Ni tan cierto

Cuando el cambio se hace posible nuestras propias trampas mentales y emocionales, de no renuncia de lo conocido, de no abandono de lo incómodo de lo cómodo, se hacen presentes con tal descaro que no puedo más que decir ante la pregunta de si quiero el cambio… Ni tan cierto!

Ni tan cierto que quiero el cambio,.. Ni tan cierto que no lo quiero.

Quiero cambiar … en lo posible sin que nada cambie, sin que se tuerza el rumbo, sin que sucumba la costumbre.

Quiero cambiar pero ni tanto que luego no me quede otra opción que ya no ser yo.. la que yo era, la que el mundo sabía cómo pensaba y actuaba, la que la historia contaba…

Quiero cambiar pero ni tanto que vaya a ser cierto que he cambiado y ahora elijo otra cosa y comienza otra historia.

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